jueves, 28 de junio de 2012

Diez frases celebres de Frank Herbert



Frank Patrick Herbert (8 de octubre de 1920 - 11 de febrero de 1986) conocido escritor estadounidense de ciencia ficción.





Gran parte de su obra refleja su interés por la ecología y la psicología. En sus últimos veinte años y junto con su familia residieron en una «granja biológica», primero cerca de Washington y más tarde en Hawái, viviendo de forma autosuficiente y en pleno contacto con la naturaleza. Nació en Tacoma, Washington. Trabajó en múltiples trabajos como fotógrafo, cámara de televisión, presentador de radio, incluso de pescador de ostras o analista. En 1965 presenta Dune con gran éxito de público y crítica, consigue el premio Hugo y el premio Nébula además del premio Internacional de Fantasía (junto con la novela: El señor de las moscas). Después ampliaría esta novela con otras cinco más hasta su muerte, continuando otros escritores con otros títulos pero con la misma referencia.




Por mucho que busquemos la verdad, el conocimiento de ella en uno mismo suele ser desagradable. Y no sentimos simpatía alguna hacia el que nos la dice.


Los imperios no sufren de falta de finalidad en el momento de su creación. Es luego cuando se produce ésta, cuando ya están establecidos y sus objetivos iniciales son olvidados y reemplazados por vagos rituales.

En las profundidades de nuestro inconsciente hay una obsesiva necesidad de un universo lógico y coherente. Pero el universo real se halla siempre un paso más allá de la lógica.



Las discusiones cierran las puertas de los sentidos, y siempre enmascaran la violencia.



Las leyes tienden a ser transitorias a la larga; el acto creativo limitado por normas es algo que no existe.

Cada experiencia lleva en sí misma su lección.

La verdad sufre cuando es sometida a un análisis excesivo.

¡Cuántas veces el hombre encolerizado niega rabiosamente aquello que le dice su conciencia!

El concepto de progreso actúa como un mecanismo de protección destinado a defendernos de los terrores del futuro.


No conoceré el miedo. El miedo mata la mente. El miedo es el pequeño mal que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase sobre mi y a través de mi. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allí por donde mi miedo haya pasado ya no quedará nada, sólo estaré yo.






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