martes, 3 de enero de 2017

Pensando en Rol: Mis primeros 18 años de buenas partidas.




Estos últimos meses he estado bastante alejado de todos estos temas virtuales tanto en  este mismo blog sobre libros, Rincón Osado sobre cine o el desparecido canal de YouTube. La aniquilación  del canal fue un duro golpe luego de muchos años de trabajo y cerca de tres mil suscriptores. Todos ellos  metaleros amantes de las buenas novelas, el cine y las mejores series de televisión.  Pero el bichito de seguir haciendo cosas por aquí sigue presente,  no todos los días como antes pero si de vez en cuando. En este caso hablando de unas de mis pasiones, los juegos de rol.
Todo empezó por el año 1998 tenía unos 17 años. En esa época teníamos un diario estudiantil que se vendía por todas las secundarias (liceos les llamamos aquí) del departamento (estado) en donde vivo. Todo manejado por estudiantes, sin apoyo formar de ningún docente o padre. Un proyecto hermoso de jóvenes para jóvenes llamado Mokotroki.
Allí yo analizaba videojuegos  con dos amigos, además de  escribir algunos cuentos y encargarme de la sección de la NBA (el futbol lo había elegido otro compañero antes que yo). Estamos hablando una época anterior a Internet masivo en Uruguay  (si muchachos por increíble que parezca no nacimos todos conectados al ciberespacio) por lo tanto no era tan fácil como ahora. Uno de estos dos amigos que escribía en la sección de videojuegos  lo hacía bajo el seudónimo de Rol Masters. Pero no porque conociese los juegos de rol de dados y papel sino por los Final Fantasy VII o Xenogears de aquella época. Pero un “grupo casi sectario”  de jugadores de rol de verdad al ver el seudónimo pensaron que dicho columnista pertenecía a su misma religión secreta contactándose con él. Allí Rol Marster conoció el verdadero  rol por primera vez y luego extasiado nos contó su extraordinaria experiencia. Repito en esa época pre internet no teníamos acceso a Google y ni hablemos de Wikipedia por lo tanto nuestra única referencia era un episodio de El Laboratorio de Dexter.



Esto habrá sucedido por julio más o menos, en diciembre el segundo miembro columnista de videojuegos fue a Montevideo y se trajo el primer libro de rol que tuvimos contacto; ni más ni menos que Runquest. Pero dicha persona se mostró  muy vaga para leerse el libro entonces yo se lo pedí prestado, sin tener idea de lo que era una aventura de rol más allá de a ver visto un táctico o dos,  a los tres días ya estaba dirigiendo mi primera aventura.  Desde esa primera vez  cargada de errores,  unas cuantas risas, miles de horas de lecturas  y algunas lágrimas perdidas  han pasado más de 18 años, he dirigido más sistemas de los que recuerdo y han pasado muchísimos jugadores por mi mesa. Siempre vi al  rol como algo para compartir y no como arte exclusivo para unos pocos elegidos. Es maravilloso ver hoy en día adolescentes actuales emocionados como nosotros en aquel tiempo compartiendo con decenas de otras personas con la misma afición en jornadas masivas. Contándose entre si  estas historias escritas en el lienzo del  aire bajo  la pluma de esas micro-comunidades de gente amiga llamados grupos de rol. Como dice  cierto bestseller “En el principio era el Verbo, y el Verbo  era Dios…”.
¿Qué ha cambiado en estos dieciocho años?   Mucho. Tanto en lo positivo como en lo que no lo es tanto. Ahora podemos comprar (o piratear) cualquier sistema en formato PDF tanto en inglés como en español. Permitiendo tener cientos de libros en la palma de la mano. Siempre recordare andar con un  mínimo de tres libros pesados sobre mis espaldas de D&D.  Además actualmente podemos  tener acceso a cientos de consejeros experimentados dispuestos a ayudar a los neófitos  a una tecla de distancia.  
Aunque no todo fue positivo. También esos mismos teléfonos inteligentes trajeron las redes sociales directamente a las mesas  de rol ayudando poco a mantener la concentración durante las partidas. Además en  el siglo XXI todo es más rápido sin darnos demasiado tiempo para degustar tranquilos un sistema o una campaña. Porque siempre hay algo nuevo para probar, todo brilla más pero se apaga antes también. No quiero seguir aburriéndolos con todo esto, pero seguramente seguiré profundizando en todas estas cuestiones. Solo diré que en este tiempo mis partidas cambiaron,  mis jugadores han cambiado, mi vida ha cambiado  y yo he cambiado también. Pero el rol aún sigue siendo fundamental  para mí.

jueves, 4 de febrero de 2016

Julio Verne y Nellie Bly la mujer que dio la vuelta al mundo en 72 días.

Julio Verne a sido fuente de inspiración para millones de personas durante mas de 150 años. El segundo escritor mas traducido de la historia y uno de los padres fundadores de la ciencia ficción.  Pero su obra no solo se quedo en el papel dado que aventureros como la intrépida Nellie Bly lograron la proeza de superar hasta su gigantesca  ficción.   

 

Para mucho de nosotros nuestro periplo por los libros comenzaron con este señor. '20000 leguas de viaje submarino', 'Viaje al centro de la tierra' y 'La vuelta al mundo en 80 días' entre muchos otros han sabido estimular durante mas de un siglo la imaginación de millones de lectores alrededor del mundo, además de inspirar un sinfín de descubrimientos científicos. Por eso hoy quiero compartir este articulo con ustedes. Pertenece a www.jotdown.es como recordatorio de que soñar es el primer paso hasta para las mas imposibles de todas las empresas.   


El viento que azotaba la cubierta obligó a la joven a quitarse su gorra de lluvia, no sin cierta dificultad. Después se atusó el flequillo, sujetó la falda de su vestido de tweed unos centímetros por debajo de la rodilla y descendió la pasarela que separaba al transatlántico RMS Oceanic del puerto de San Francisco. Su nombre era Elizabeth Jane Cochrane, pero firmaba todos sus artículos como Nellie Bly. Y llegaba dos días tarde.

Una tormenta sobre el Pacífico había hecho que la travesía desde Yokohama se prolongase durante doce días en lugar de los diez que la naviera White Star Line aseguraba, así que, si los horarios se mantenían, aún iba a necesitar otros seis días para cruzar los Estados Unidos. Lo bueno es que sabía que Joseph Pultizer no estaría dispuesto a que los horarios se mantuviesen, por eso no se sorprendió demasiado cuando el cochero que la recibió en el muelle le entregó un telegrama que rezaba: «Estimada Miss Bly.

En efecto, en la San Francisco Terminal Railway le esperaba un tren privado fletado por el New York World, el periódico para el que escribía. Lo habían bautizado «Miss Nellie Bly Special». Tras cuatro días en los que el tren batió todos los récords de velocidad, con una asombrosa media de sesenta kilómetros por hora, la joven periodista puso un pie en el andén de la estación de Jersey City, New Jersey. Allí la aguardaba una muchedumbre vitoreándola, al frente de la cual destacaba Pultizer, editor y dueño del World. Eran las 15:51 del 25 de enero de 1890 y Nellie Bly acababa de dar la vuelta al mundo en setenta y dos días. Lo había conseguido. Había superado a Phileas Fogg.



Bly nació en 1864 en el pequeño pueblo de Cochran’s Mills, Pennsilvania, en el seno de una familia de quince hijos, la mayoría dedicados al trabajo granjero. A los dieciséis años se mudó junto a su madre a Pittsburgh, donde Elizabeth intentó terminar sus estudios de Magisterio en un internado, si bien debió abandonarlos un semestre después ante lo elevado de las cuotas. En 1885, mientras ella misma trabajaba como profesora, leyó un artículo en el Pittsburgh Dispatch con el título «¿Para qué sirven las chicas?». El texto era profundamente misógino y calificaba a la mujer trabajadora como «monstruosidad», así que Elizabeth escribió una feroz refutación que envió al Dispatch firmada con el seudónimo «Chica huérfana y solitaria». El editor quedó tan impresionado por la pasión de Elizabeth que le ofreció un trabajo en el periódico. Elizabeth se convirtió en periodista. Se convirtió en Nellie Bly.

Tras una emocionante corresponsalía en México donde criticó con vehemencia la dictadura de  Porfirio Díaz, y demasiados artículos aburridos sobre moda y sociedad, Bly abandonó el Dispatch y se trasladó a Nueva York. En 1887 conoció a Pulitzer y comenzó a trabajar para el New York World. En la Gran Manzana no solo fue pionera del periodismo femenino y feminista, sino también del periodismo incrustado cuando se hizo pasar por enferma mental para poder investigar las condiciones del Women’s Lunatic Asylum de Blackwell’s Island. En el reportaje, titulado «Diez días en el manicomio», se relataban con crudeza las numerosas brutalidades y negligencias cometidas a diario en la institución mental. Su publicación provocó un gran escándalo, además de una investigación por parte del Gran Jurado. También hizo de Bly una periodista de enorme fama nacional.

Pero a Nellie Bly no le valía con ser reconocida solo en Estados Unidos. Por eso, en noviembre de 1888, propuso a Joseph Pulitzer realizar un trayecto alrededor del mundo. Un viaje que haría realidad la aclamada novela publicada por Julio Verne quince años antes. Es más, no solo seguiría la ruta de Phileas Fogg sino que sería la primera persona en batir su récord de ochenta días. Pulitzer, poseedor de un finísimo ojo para los negocios, aceptó la propuesta de inmediato pues sabía de la monumental publicidad que una aventura de este tipo reportaría al periódico. Y más si era una mujer quien la llevaba a buen término.



Un año después, el 14 de noviembre de 1889 a las 9:40, Nellie Bly embarcó en el buque de vapor Augusta Victoria. Atrás dejaba el puerto de Hoboken; delante tenía una aventura de cuarenta mil kilómetros que, según el itinerario calculado con precisión y anunciado a bombo y platillo por el World, recorrería en tan solo setenta y dos días. Tenía veinticinco años y viajaba sola, portando como único equipaje el vestido que llevaba puesto, un abrigo grueso, varias mudas de ropa interior y un pequeño neceser de viaje, además de unas doscientas libras esterlinas guardadas en una bolsa sujeta alrededor del cuello. El resto del apoyo económico corría a cargo del New York World, patrocinador y financiador del viaje mediante una agresiva campaña de artículos publicados a nivel nacional. Tanto fue así que la revista Cosmopolitan envió el mismo día a su propia reportera, Elizabeth Bisland, para hacer la misma ruta pero en sentido inverso. La carrera entre ambas periodistas llegó enseguida a las rotativas de todos los periódicos del mundo, que convirtieron la competición en un acontecimiento global.




En su viaje, Bly vivió innumerables peripecias: recorrió Inglaterra, cruzó el Canal de Suez, atravesó Ceilán, Malasia y los territorios británicos del sudeste asiático. Sufrió retrasos y desvíos en las rutas navieras y ferroviarias, sobre todo en la parte asiática del trayecto. Retrasos que su espíritu periodístico aprovechó para visitar una leprosería en China o un mercado de animales exóticos en Singapur, donde, por cierto, se compró un mono. Todas estas andanzas las fue escribiendo en cortas crónicas que el World iba publicando y más tarde se agruparían en el libro Around the World in Seventy-Two Days, una novela de gran éxito que incluía una versión del Juego de la Oca, sustituyendo al ave palmípeda por la intrépida reportera. Allí relataba su aventura alrededor del mundo, dando fe de que, finalmente, había conseguido vencer tanto a Fogg como a la periodista de Cosmopolitan.


Sin embargo, el episodio más plácido pero también más apasionante le sobrevino al poco de comenzar, cuando llegó a Londres el octavo día de ruta y recibió una carta manuscrita que decía:




Estimada Señorita Nellie Bly,

Gracias a los periódicos hemos sabido de la extraordinaria empresa que con enorme tesón e innegable valor está usted llevando a cabo. Nos sentiríamos muy orgullosos de que aceptase nuestra invitación y pudiese visitarnos en nuestra residencia de Amiens, donde podríamos departir relajadamente sobre los pormenores de su viaje.

Atentamente:

Jules y Honorine Verne
«Oh, me encantaría verles», dijo inmediatamente Bly, «Cómo voy a rechazar tal oferta». Así pues, la periodista sacrificó dos días de ruta y de sueño y se plantó al día siguiente en la mansión que los Verne tenían en el centro de Francia. «Los ojos brillantes de Julio Verne me escrutaron con interés y amabilidad, y madame Verne me recibió con la cordialidad de una amiga querida», escribiría Bly al reseñar el encuentro. Pasaron una tarde entera charlando sobre la vuelta al mundo, sobre Phileas Fogg y sobre los viajes que uno y otro habían hecho. «Solo he visitado una vez los Estados Unidos», le dijo Verne a Bly, «para ver las cataratas del Niágara». Pero también hablaron de la imparable imaginación de Julio Verne, de los vehículos y los artefactos que aparecían en sus novelas, de las barcazas subacuáticas que recorrieron el Támesis en el siglo XVII, inspiradoras del Nautilus del Capitán Nemo, y del submarino eléctrico de Isaac Peral, botado solo un par de años atrás. «Cómo me habría gustado conocer ese artilugio antes de escribir 20.000 leguas», dijo Verne. «Cómo me gustaría poder subirme a uno en mi viaje», respondió Bly. Hablaron de avances tecnológicos, de automóviles con motor de combustión interna y de los cables eléctricos que corrían por el lecho marino permitiendo a la periodista enviar sus crónicas casi al instante. Hablaron del presente y del futuro.      



Paseando por el salón, la reportera americana descubrió el modesto y pulcro escritorio del novelista: apenas un tintero, una pluma y el manuscrito en el que trabajaba. Era prácticamente un reflejo de su técnica. «Monsieur Verne siempre mejoraba su trabajo eliminando todo lo superfluo, nunca añadiendo cosas», escribiría. A Bly le pareció que el ingenio ilimitado de Julio Verne solo podía canalizarse a través de un entorno preciso y sencillo. Como un maremoto encauzado entre la cuidadosamente recortada barba cana y la mirada inquisitiva de ese hombre de sesenta y un años.

Pero había una carrera en marcha y, casi sin darse cuenta, Nellie Bly tuvo que despedirse. Brindaron con un vaso de vino y la periodista partió con destino a París y al resto de su viaje. Los Verne siguieron los progresos de Bly y, al final de la travesía, enviaron un telegrama de felicitación, que la reportera conservó doblado entre las páginas de su propia copia de La vuelta al mundo en ochenta días. «Ya le admiraba de antes, pero al conocerle se ganó mi respeto y devoción para siempre».

Nellie Bly no fue la única persona inspirada por la imaginación infinita de Julio Verne. Hombres y mujeres tan fascinantes como ella cruzaron la historia y se apoyaron en la obra del escritor francés para dar forma a un mundo que cambiaba a la velocidad de la tecnología y al ritmo de la aventura. Personajes como el cineasta español Segundo de Chomón, que rodaría Viaje al centro de la Tierra en 1909; como el pionero Gaspard-Félix Tournachon, alias Nadar, que tomó las primeras fotografías aéreas de la historia subido a un globo aerostático por los cielos del París de finales del XIX; o como Sir Ernest Shackleton, quien cruzó por el continente antártico en 1917, veinte años después de que Verne publicase La esfinge de los hielos.




lunes, 1 de febrero de 2016

Reseña: Codex Alera: 'Las Furias de Alera' - Jim Butcher.



Jim Butcher sin lugar a dudas nos ha sabido sorprender gratamente con su fantasía contemporánea urbana en su serie Harry Dresden. Pero ahora en Codex Alera el escritor se enfoca en una historia de fantasía épica clásica. Ambientada en un reino en donde todos  los humanos  pueden controlar distintos elementos a voluntad, todos excepto  uno; Tavi, el protagonista de esta historia. El que a base de ingenio deberá salvar no solo a su familia sino también  hasta la estabilidad de todo un imperio.

 



Durante bastante tiempo un amigo me insistió que leyera la saga de Harry Dresden pero como siempre tenía alguna otra lectura pendiente me costó cierto tiempo en leer ‘Tormenta’. Un libro que me gusto bastante descubriendo que la recomendación era más que justificada (este amigo pocas veces me recomienda un libro que no me guste). A su vez luego de leer la segunda novela de Dresden ‘Luna llena’ decidí probar su otra saga ‘Codex Alera’.    



Algo sumamente valioso que podemos rescatar de  Jim Butcher es la versatilidad en su forma de escribir, si nos colocaran sus dos sagas con nombres de autores distintos nadie notaria que fueron escritas por la misma persona. Solo encontrando similitudes tanto en lo mucho que hace sufrir a sus personajes como en el carácter humano y creíble de estos, a pesar de las situaciones fantásticas donde se desarrollan los hechos. Pero en el resto la estructura es muy distinta, por un lado la saga del mago de Chicago está escrita en primera persona y solo tenemos la perspectiva de su  protagonista  mientras que en Codex Alera Butcher opta por la tercera persona. Por lo tanto le brinda la posibilidad de explotar distintas mini historias a la vez. En donde si bien se nota el tono mucho más juvenil de esta obra, los “villanos” tienen su razón para actuar como actúan y al final del libro llegamos a empatizar con muchos de ellos y sus motivaciones, algo que de hecho siempre me ha encantado en cualquier historia.

Pero empecemos por el principio, ‘Las furias de Alera’ es la primera novela de la serie de Codex Alera, situándonos en una zona alejada y fronteriza del aparente imperio más grande del mundo Alera, un gigantesco reino el cual como casi siempre sucede dentro de la fantasía épica es a imagen y semejanza al Imperio Romano. Pero con la peculiaridad de que cada ciudadano de este orgulloso imperio puede controlar elementales los que les brindan extraordinarios poderes. Por ejemplo los usuarios de Furias de aire pueden volar, los usuarios de furias de agua curar mientras que los de tierra aumentar la fuerza del usuario, así sucesivamente.  El problema es que el emperador ya es mayor (aunque como también es tópico en el género su “magia” le permite mostrarse mucho más joven de lo que es) su heredero fue asesinado y muchos de los grandes señores quieren adelantar su dimisión.

La acción nos sitúa en la zona de Calderon, unas tierras salvajes que si bien no por estética pero si por otros factores, nos hacen recordar a la gente del Norte en ‘Canción de Hielo y fuego’, tierras que separan la civilización de la barbarie.  Recordándonos  Bernard el tío de nuestro protagonista, bastante a Eddard Stark. Un noble honorable y poderoso en el uso de las Furias el que decidió alejarse de los enredos políticos de la capital mudándose a estas tierras agrestes en donde vive con su hermana Isana (una poderosísima artífice del agua), y su sobrino Tavi, un joven de quince años que misteriosamente no puede controlar ninguna Furia.

La magia de este mundo la podemos explicar en un medio camino entre Naruto y Pokemon, por un lado cada individuo está conectado con una o dos Furias (Bernard controla Tierra y Madera) siendo estas como espíritus "elementales domesticados” (porque también hay peligrosas Furias salvajes) recordándonos a Pikachu y sus otrora 150  amigos.



Pero gracias a las ambiciones de personas sumamente poderosas estas tranquilas pero salvajes tierras se verán involucradas en una guerra de espionaje interno y lucha de poderes. En donde el joven Tavi será pieza fundamental a pesar de no poder controlar ninguna Furia y tampoco ser físicamente fuerte. Pero utilizando su inteligencia y ese karma que acompaña a la gente buena en este tipo de historias, deberá utilizar todo su ingenio para detener un peligro tan grande que podría destruir toda su familia y hasta el propio emperador.

La historia va de menos a más y si bien se nota el enfoque menos adulto con respecto a la saga del detective mago, la historia cuenta también con sus condimentos adultos con temáticas fuertes como lo son la esclavitud y la violación. Contando con un final que nos deja con ganas de saber más sobre estos personajes y todos misterios que se nos plantean que quedan inconclusos.



Conclusión: Si lo que buscar es un Malaz o la ya citada ‘Canción de Hielo y fuego’ seguramente ‘Las Furias de Alera’ no sea lo que estás buscando. Pero si eres afín a la fantasía épica clásica sin lugar a dudas no deberías dejar escapar esta historia en donde la inteligencia es la mayor de todas las virtudes.  

Lo mejor:

  • Lo bien creado que están los personajes.
  • Villanos excelentes.
  • Una historia interesante.
Lo peor:
  • La batalla principal es demasiado extensa y termina volviéndose algo aburrida por lo tediosa.
10/12